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El llanto de Enzo y el final de algo hermoso

Lo más emocionante -tal vez lo único emocionante- de la despedida de Messi de la selección no fue el gol de penal, no fueron los shows de Soledad y demás cantantes, no fue el abrazo de sus compañeros, no fue el aliento del público, no fue el espectáculo de drones, no fue la cancha llena, no fue el relato lacrimógeno de los periodistas, no fue la avalancha de espónsores que pusieron guita, y no fue, por supuesto, el discurso de Messi. Fue, sí, durante el discurso, el llanto desconsolado de Enzo Fernández. Curioso, porque Enzo no integra la mesa chica de amigotes de Messi, pero era conmovedor verlo lagrimear. Había allí, en ese gesto, el gesto de un jugador de fútbol, Fernández, que cotiza decenas de millones de dólares, que ya está salvado él y su descendencia, que vive en casas lujosas y en un mundo al que pocos o casi nadie accede, había, digo, en ese gesto, algo del orden de lo amateur. Como si se retirara su superhéroe favorito. Como si algo se estuviera desmoronando.

En ese aspecto, como en tantos otros, Messi no es Maradona y su discurso no dejó frases para la historia (del estilo “la pelota no se mancha”, dicha por Diego en su discurso de despedida en la Bombonera) pero el hecho de que Messi no juegue nunca más en la selección era para Enzo Fernández, en ese momento, como si le hubiera caído la ficha de que un final, el final de algo hermoso, acababa de acontecer. El de Enzo era el llanto de un hincha, de un fan, de un amante del fútbol antes que el de un compañero (que además clavó un golazo contra Inglaterra después de un pase de Messi). Enzo Fernández hizo grande una despedida que tuvo mucho de anodina.

Y en el medio hubo un partido contra Benin. Un partido jugado más o menos a media máquina. Y lo más increíble de todo es que, otra vez, Messi fue el mejor de Argentina. Tuvo dos jugadas claras de gol que no pudo marcar, jugó a otra velocidad mental que el resto. Parece increíble con 39 años. Pero no tan increíble: de los últimos cuatro mundiales, Argentina llegó a tres finales (pese a que solo ganó una). Ese es el efecto directo del Messi maduro que, como el buen vino, se puso mejor con los años. Al menos mejor con la Selección argentina, tal vez no en el Barcelona, donde sus mejores años fueron a los veintipico. Pero el Messi que la Selección va a extrañar es el del 2014 para acá, con la excepción del 2018, donde todo fue un desastre, incluida la camarilla de amiguitos de Messi que dieron algo así como una asonada, o directamente un golpe de estado. Cuando Messi cambió de entorno (eso incluye al director técnico) mejoró ostensiblemente, tanto él como la Selección.

Sin Messi, Argentina va a pasar a ser un equipo normal. Se pierde primero al Messi de las genialidades, y luego al veterano de la emoción. Veremos cómo se las arregla Scaloni, si sigue, como parece que va a ocurrir. No tiene en este momento Argentina ningún mega crack en el primer nivel mundial. Pero sí un conjunto de buenos jugadores, parejos. Se cierra la etapa Messi en la Selección, ahora falta, dentro de algún tiempo, su fiesta de despedida del fútbol.

Fuente: perfil.com

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