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Rosario Central ganó la Supercopa y el fútbol volvió a quedar atrapado en la polémica

La final estuvo atravesada por las polémicas y por una disputa que viene desde el controvertido título otorgado por la AFA a Rosario Central en 2025.

Di María levanta la copa, pero otra vez el fútbol argentino terminó envuelto en polémica.

La fiesta de una tribuna es la tristeza de la otra. Rosario Central se consagra en la Supercopa Internacional, un título que se pergeñó en 2022 y tenía como objeto disputar el duelo entre dos equipos argentinos fuera del país. La primera edición se disputó en Abu Dhabi entre Racing y Boca y este sábado se definió en Santiago del Estero.

Habría que cambiar el nombre del trofeo, claro, pero no deja de ser otro dislate de la AFA, que reparte tantos títulos como polémicas. Casi en concordancia con un final bochornoso, que encontró a Juan Sebastián Verón, presidente de Estudiantes, adentro del campo de juego, amagando con retirar el equipo producto de un arbitraje escandaloso.

La victoria 2 a 1 del conjunto rosarino mostró la peor cara de nuestro fútbol. De antemano se había generado un clima espeso que se arrastraba desde el 20 de noviembre del año pasado, cuando Gonzalo Belloso, Angel Di María y compañía se bajaron de una combi en las oficinas de la Liga Profesional en Puerto Madero y volvieron a orillas del Paraná con una Copa que Claudio Tapia le regaló entre gallos y medianoche.

El “reconocimiento” corporizado en “estrella” y celebrado en el Gigante de Arroyito indignó a los hinchas del resto de los clubes, pero solo Verón emitió un comunicado desde las redes sociales de Estudiantes.

Y cuando le tocó enfrentar a Rosario Central, obligado por la AFA a recibir al “campeón” con un pasillo, los jugadores del pincha le dieron la espalda. Después, ganaron 1 a 0 con un gol de Edwuin Cetré y la historia terminó con la vuelta olímpica en la final contra Racing también disputada en Santiago del Estero, el mismo escenario del choque del sábado.

Desde entonces, y potenciado por la bronca que habían despertado algunos arbitrajes a piaccere de Di María, Rosario Central se transformó en uno de los equipos del poder. Por la relación entre Fideo y Tapia, por la cercanía de Belloso con el presidente de la AFA y porque del otro lado quedaron heridas en la pelea por un fútbol más justo.

La faltaba al canalla, claro está, revalidar el título en la cancha. Y lo hizo dando vuelta el partido ante Estudiantes, que se había puesto en ventaja a los 52 segundos con un gol de Alexis Castro. Hubo dos goles de Di María, justamente, y mucha discusión respecto a tres jugadas.

La primera, el penal de Leandro González Pirez sobre Enzo Copetti que el propio Fideo describió “igual al que me hicieron en la final contra Francia”. Hubo un toque imperceptible que desde el VAR advirtió Jorge Baliño porque para Darío Herrera apenas fue un roce. La situación fue carne de debate. El mismísimo Verón se quejó durante el partido en su cuenta de Instagram. “Maltrataron a la gente y la impunidad que manejan para robarte es increíble… innecesario para esto nos traen acá. Jajajaj, una puesta en escena ridícula”, consignó. Después, reclamó una invasión de zona con una foto: “¿No es invasión? Manejan el reglamento como quieren”.

La otra acción polémica tuvo que ver con una infracción de Elías Verón, que ingresó en el segundo tiempo, sobre Adolfo Gaich. El joven lateral derecho ya estaba amonestado y la jugada ameritaba la segunda tarjeta, pero Herrera la omitió. Después, se observó en la repetición un toque previo del delantero. No obstante, si el árbitro neuquino cobró la falta, ¿por qué no le mostró la roja? Si el VAR consideraba un error, tendría que haberlo advertido. Fue tan burdo que Jorge Almirón sacó a Verón un minuto después y lo reemplazó por Alexis Soto. El cambio que hizo el entrenador de Rosario Central expuso a los referís.

La última jugada fue aquella mano de Ignacio Ovando tras un cabezazo de Gaich. Hubo un braceo del zaguero, involuntario es cierto pero con la suficiente ampulosidad como para revisarla en el monitor. El partido terminó con empujones y trompadas en la antesala de los vestuarios. Con Verón gritándole a Herrera: “Es toda tuya, ladrón”. Con los jugadores de Estudiantes aplaudiendo irónicamente a los árbitros cuando Tapia les dio las medallas. Con el fútbol opacado.

Fuente: Agencia DIB

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